Columna de Chiara Mazzucchelli: Astronomía en Chile: Formando comunidades en Chile y el mundo

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Chiara Mazzucchelli - Emol

20 / 12 / 2024

El avión cruza los Andes, en poco menos de una hora aterrizará en Santiago de Chile. Las pantallas se iluminan súbitamente frente a pasajeros cansados, e inicia una transmisión particular: el vídeo de ingreso a Chile del SAG. Quizás para muchos esto no es más que un recordatorio sobre las políticas de introducción de artículos en el país, pero yo siempre lo he mirado con una extraña curiosidad. Se suceden escenas acogedoras, el “billete de presentación” de Chile a los pasajeros que llegan al país. Paisajes majestuosos, infraestructuras modernas, mujeres y hombres tejedores, músicos, deportivos, vinos y frutas. Entre todos, aparecen los observatorios ALMA y Paranal bajo cielos limpios y una asombrosa Vía Láctea. Diferentes palabras son destacadas: “Futuro”, “Talento”, “Energía”, “Mundo”. “Estrellas”. La astronomía es aquí presentada como parte integral de lo que se quiere proyectar de Chile al mundo.

De hecho, la “historia de amor” entre la astronomía y Chile es larga, ya ha celebrado felizmente su boda de oro, y ha producido, y sigue haciéndolo, con muchos frutos. Las condiciones extraordinarias del Desierto de Atacama sin duda han jugado un papel protagónico. Aunque los primeros observatorios profesionales en Chile se situaron a fines de 1800 o inicio 1900 en la zona central, la llegada en los años 1960´s de diferentes organizaciones internacionales, con intención de instalar grandes observatorios en el Norte, decididamente ha empujado el desarrollo de la astronomía en el país. Al mismo tiempo, y fundamentalmente, Chile se ha sabido aprovechar de la posición extraordinaria en la cual se encontraba. Se fundaron programas universitarios en astronomía (ejemplo de ello, en la Universidad de Chile en 1965), donde formar astrónomos chilenos que pudieran aprovechar de las infraestructuras que se estaban instalando en el país.

Gracias también al trabajo de estas primeras generaciones, los científicos de instituciones chilenas lograron obtener el acceso privilegiado al 10% del tiempo de observación en los telescopios instalados en territorio nacional. Esta pieza del puzzle, junto con la construcción de observatorios de última generación como el Magellan, Gemini South, VLT y ALMA, empujó un crecimiento súbito. Según el último censo de la Sociedad Chilena de Astronomía, de las dos universidades al inicio de los años 1990´s, hay ahora (2024) 23 instituciones chilenas a lo largo del país (en 9 regiones) que desarrollan investigación astronómica. Los números de astrónomos profesionales se han cuadruplicado en 20 años, y hay ahora alrededor de 300 investigadores profesionales, 280 estudiantes de postgrados y más de 500 estudiantes de pregrado en astronomía. El porcentaje de investigadores y jóvenes extranjeros que quieren cursar sus estudios en astronomía en Chile no es pequeño. Ellos llegan de todos los continentes del mundo, y contribuyen a consolidar los lazos entre las comunidades científicas chilenas e internacional. También es importante el rol de astrónomos chilenos que, trabajando en renombradas instituciones extranjeras, son destacados embajadores del país. Entonces, este desarrollo no es una mera cuestión de “contar cabezas”: la investigación de científicos chilenos es de importancia mundial, con descubrimientos de punta que cubren todas las áreas como exoplanetas, estrellas en nuestra Vía Láctea, hasta agujeros negros y galaxias lejanas.

Además, la astronomía no se ha quedado en los observatorios internacionales y en las aulas universitarias, sino que ha llegado a muchos rincones de la sociedad chilena. Los programas de astroturismo, junto con las iniciativas y grupos enfocados en difusión y educación, abundan en todo el país. De hecho, el primer Congreso de Divulgación Astronómica en Chile tuvo lugar en Puerto Montt este año, y el Día de la Astronomía, en marzo, llama cada año a un público siempre mayor. Entonces a través de la astronomía asistimos también a la creación de un sentido de comunidad, y de interés a las ciencias y la naturaleza.

En el futuro, nos esperan grandes oportunidades y también desafíos. Las observaciones del cielo a larga escala con el telescopio Vera Rubin (300PB de datos en 10 años, a partir del 2025) nos permitirá, entre otros, estudiar la composición de nuestro Universo, junto con el desarrollo de técnicas a la vanguardia en la importante frontera de la ciencia de datos. La instalación del ELT (primera luz por el 2028, con un espejo de 39m de diámetro) será un verdadero “game changer” de cómo entendemos la astronomía hoy. Al mismo tiempo, para lograr todo esto y mucho más, para seguir con esta “larga boda”, tenemos la obligación de cuidar la calidad extraordinaria de los cielos del Norte, y los buenos lazos entre Chile y el mundo. Los descubrimientos científicos hechos de esta tierra, empujados por preguntas ontológicas de los seres humanos-¿quién somos?, ¿de dónde llegamos?-, son un legado fundamental no solo para Chile sino para toda la humanidad.

Por Chiara Mazzucchelli, profesora asistente del Instituto de Estudios Astrofísicos UDP, en Emol.